Desde que vi aquella clásica frase del Presidente Allende, ha quedado dando vuelta en mi cabeza: "La felicidad de Chile comienza por los niños". Más o menos Allende no es el punto. Este slogan utilizado tanto en su campaña como en su gobierno, me ha ayudado a vincular la acción política con, a mi juicio su base constitutiva,
A mi corta edad desconozco la experiencia de criar un hijo; de verlo nacer: de educarlo y responder sus preguntas extraterrestres; de retarlo y de enseñarle valores; de estar con él cuándo se asombre en cada apertura de un mundo nuevo; de reír de mis actitudes de adulto; de enseñarle a sonreír y a llorar. Pero Allende daba en el clavo en algo: si yo fuera padre, seguramente mi felicidad comenzaría por la felicidad de mi hijo. Como lo puedo ver en mis padres hacia mí. Finalmente cualquier padre debe llevar consigo la pregunta de ¿cómo hacer una sociedad que dé soporte a una niñez feliz y amable?
Una de las personas que más he visto atormentado auténticamente con esta pregunta es el filósofo y biólogo chileno Humberto Maturana. Para él esta pregunta despierta una reflexión que a mi juicio debiese tener cualquier activista política: la naturaleza biológica del ser humano. Esa biología que postula Maturana, hace/determina que los seres humanos nazcan constitutivamente amorosos, evocadores de ternura. Aquel niño nace biológicamente amoroso. Existencia que no es naturalmente violenta, ni egoísta ya que todo ser vivo esta determinado por su biología para aspirar a conservar su vivir. La biología se encarga de producir la apertura al mundo en armonía con su medio, en colaboración y en respeto con él. Ningún ser que tiene como determinación primaría el conservar su vivir, puede nacer de otra forma que no sea la amorosa.
Pero ¿qué tiene que ver esta biología del amor con la política?
La mariposa en la naturaleza nace igual que el niño en sociedad: esperando ser acogido amablemente. La mariposa espera que exista el polen en la flor, como el niño espera que exista el cariño necesario de sus padres. Esa según Maturana es una promesa de la biología que todos esperamos al nacer.
El niño al igual que la mariposa nunca esperaría que lo traicionen, solo espera que el medio que lo recibe cumpla con su promesa: la conservación del amor. Y bueno, ¿acaso después de leer esto aún preguntas que tiene que ver con Chile Primero y la acción política?
La frase de Allende da en el clavo porque pone a la conservación del amor como principal base de toda política. Los asuntos públicos que nos vinculan a todos los ciudadanos, deben poner al frente el avance de una comunidad para el cumplimiento de esa promesa biológica a nuestros niños. Si no cumplimos con la mínima conservación del amor que pide todo ser que desea conservar su vivir, nuestro “nosotros” no tendrá un futuro promisorio. "El futuro no depende de los niños, depende de los adultos que eduquen a esos niños" dice Maturana.
Como dijo Gregory Bateson en su libro "Pasos hacia una Ecología de la Mente":
"Los procesos políticos no son sino fenómenos biológicos, ¿pero qué político sabe esto?"
Eso es la política, un espacio conversacional donde los asuntos comunes cobran sentido en nuestra relación, en el fluir del intento por la preservación de la vida. Como dice Felipe González “los Presidentes ofrecen Programas de Gobierno, ofrecen discursos a las Naciones”. La política de una comunidad es en primer término su capacidad discursiva cultural, la manera de afrontar las conversaciones comunes de lo público. Y en segundo término es el proceso de cumplimiento de las promesas biológicas más primitivas.
Finalmente un mix entre Allende y Maturana aquí una hermosa frase: "La felicidad de Chile comienza por conservar el amor en los niños".
Esa aventura humana es Chile Primero.
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